jueves, 11 de octubre de 2012

La filosofía de Björk

La cantante islandesa Björk, una de las artistas más libres e independientes desde hace más de dos décadas, manifiesta en el fondo de su propuesta musical un eclecticismo suicida que la transforma en una creativa impredecible y nunca conforme.


Björk impacta siempre, no porque nos ofrezca algo nuevo por sí mismo, porque ciertamente no lo hay: la posmodernidad ha desfundamentado todo afán de revolucionar nada; ni siquiera en el ámbito de la expresión musical pop. El éxito de Björk estriba en la manera tan personal de ordenar numerosos elementos culturales, los más diversos y plurales, para trasladarlos a lo melódico, de acuerdo a una sensibilidad artística de libertad jubilosa, que la lleva a explorar el mundo a través de su interiorización ilimitada.De Debut hasta Volta, la estética de Björk se nos ofrece como una reflexión holística vertida en arte.

Cabe recordar que el principio holístico sostiene que las cualidades perceptibles en una totalidad dada son diferentes a las que pueden captarse en cada una de sus partes. Björk, en álbumes tan profundos y experimentales como Homogenic, Vespertine, o Medúlla, pareciera hacernos comprender que la realidad, en su inmensidad subyugante, es totalmente imposible de ser abordada limitándose a tomar y vivir uno de sus elementos integrantes por separado: lo que nos manifiesta Björk en muchos de sus videos, repletos de enigmáticas metamorfosis, y de dinámicas transformaciones inquietantes, es que un organismo rebasa cualitativamente cualquier manera de mensurarle, por medio de la simple adición de sus partes.

Esta genial islandesa comparte la genialidad de los poetas, el visionario talante de los enfermos mentales, y la sabiduría de los niños. Es una hermana espiritual de Jean Dubuffet o de Karel Appel; de Leonora Carrington, Remedios Varo, Luis Buñuel o Alejandro Jodorowsky.

Algunas de sus composiciones más memorables, como las que elaboró en Selmasongs, para la cinta de Lars Von Trier, Dancer in the Dark (2000) se transforman en himnos al derecho a pensar el mundo desde lo absolutamente otro. Por medio de posindustriales infiernos futuristas, o a partir de oníricos sonidos de paraísos interiores, hechos de cristal y brisa; desde la búsqueda inagotable de nuevas maneras de aproximarse a la esencia de la realidad, desde la música; o la pureza de su gestación natural- como en el álbum Medúlla, que está musicalizado enteramente voces humanas; Björk se nos aparece como una peregrina chamanezca, proveniente de recónditas lejanías boreales, que nos trae mensajes de cómo se mira el mundo desde fuera, cuando estamos todos tan dentro, soñando aún.