martes, 9 de octubre de 2012

El primer día de la primavera: oscuros renacimientos

La llegada de la primavera nos ofrece la oportunidad de meditar acerca de los profundos significados que entraña este acontecimiento natural para la comprensión humana. Más allá de las manifestaciones particulares de su arribo, a través de los eventos fácticos, existe una apertura de sentidos cifrados que nos hacen patente que el mundo se comunica con nosotros brindando el secreto de su esencia a través de nuestras interpretaciones culturales.


Veamos por ejemplo, la pintura de La primavera de Botticelli: de acuerdo al estudioso Edgar Wind, la estación primaveral estaría expresada en esta obra por un trasfondo neoplatónico, y con una lectura de las figuras desarrollada de derecha a izquierda: primero el dios Céfiro, el viento, persiguiendo a la ninfa de la tierra Cloris; por obra de su pasión Cloris recibe su advocación como Flora, la deidad romana de las flores, los jardines y la primavera; a continuación esta Venus la gran patrona del amor, su arribo una consecuencia directa de los influjos fértiles de Flora. Luego, el amor de Venus, sublimado, orientado a lo trascendente, nos obsequia la divina inspiración de las tres Gracias, hermosas damas danzantes, que representan la Castidad, la Voluptuosidad y la Pulcritud. Finalmente, orientados por el contacto con estas presencias etéreas llega el mensajero de los dioses, Mercurio, que nos señala que hemos superado todas las etapas necesarias para alcanzar la ruta directa al misterio de lo sagrado, estamos ya iniciados en la empatía con la gran Unidad del cosmos perfecto, que Plotino y Marsilio Ficino tanto alabaron.

Sin embargo, vale la pena considerar que todo renacimiento entraña un sacrificio previo. Por ejemplo en la cultura náhuatl del México antiguo, el dios Xipe-Tótec quien era la personificación de la primavera en el panteón mesoamericano, también era “Nuestro señor el desollado” haciendo referencia al sacrificio que hacían los mexicas de sus prisioneros, despojándolos de la piel como una ofrenda a esta deidad, misma que se representaba cubierta con esta parte humana, manifestando que, bajo su influjo, el mundo entero se envolvía con una apariencia renovada y naciente.



Así también, en la pintura de Botticelli, si desarrollamos una lectura de izquierda a derecha, podremos interpretar su significado de acuerdo a una interpretación sui generis que nos recupere esa parte oscura de la llegada de la primavera, que hemos referido. Y entonces, Mercurio nos señalará que su mensaje es una voz de alteridad enigmática, que nos relata cómo, la realidad primera era manifestada por las tres posibilidades de ser que refieren las Gracias, y sin embargo, su derivación en Venus, que, si se observa bien, está fuera de la secuencia de la narración de Botiicelli, parece obedecer a una inestabilidad transformadora en la que la unidad primera divina se va dispersando en lo plural mundano. Flora simbolizaría ese caos fértil que esparce la intencionalidad de los dioses, deconstruyendola en el deseo terrenal de la sensualidad humana. Finalmente, Cloris, pareciera ser la elegida para ser sacrificada por las potencias oscuras del mundo personificadas por Céfiro, y así disgregar esa creación rebelde, independiente y deseosa, para comenzar de nuevo el ciclo, en un vacío de Otredad inefable.

La primavera por lo tanto, es luz, color y júbilo de ser, que oculta, como la realidad entera lo hace, un mensaje de pérdida, de oscuros renacimientos que no se dan en un solo sentido, y que desde las sombras nos expresan, cuando el vacío quiere recordarse de nuevo.