martes, 9 de octubre de 2012

La primavera para Balthus

La pintura titulada “La Montaña” del artista francés Balthus (1908-2001), nos ayuda a experimentar la incontenible fuerza que alude el fenómeno de la llegada de la primavera. Si bien se trata de un acontecimiento que alude a cósmicas transformaciones, su influjo deviene en el ser humano como una interiorización de todas esas energías y su posterior manifestación vital, que desborda el sentido común, y nos comunica física y sensiblemente con los demás participantes de la realidad humana.


En esta obra, Balthus representa a un grupo de jóvenes que se encuentran de excursión en un paraje montañoso. Son varias parejas de adolescentes que deambulan y se relajan en un lugar en extremo silvestre, silencioso y sugestivo: en la atmósfera se respira una sensualidad profunda y enigmática. Vida, muerte, sueños, los deseos y la realidad, la promesa de lo fecundo y la nada; todos estos elementos parecen estar escritos en forma cifrada en cada una de las posturas y actitudes de los chicos y las chicas, que se exponen en la pintura.

La clave para comprender el lenguaje secreto de Balthus podría estar en los bastones que llevan en las manos varios de los personajes, cuya simbología erótica, vinculada con la fertilidad de la primavera, es más que patente; y así, uno de los jóvenes posa de rodillas con su fálico bastón, cual si fuese un orgulloso y retador cazador con su arma; la joven que está a su lado, confía tanto en su seductora presencia, que es capaz de hacer erguir por su por cuenta a la vara enterrada frente a ella. A continuación, la chica que duerme, parece rendida y fatigada mientras el bastón le cruza el vientre, su estampa también evoca un gran erotismo. Luego un joven solitario, situado en el límite entre la luz de sol y la oscuridad, referencia al equinoccio primaveral- y con su propio bastón pareciendo traspasarle- duda como en un acto de onanismo reflexivo. Finalmente, una pareja, la única que está en la luz del paisaje, como si fuese una esperanza, se aleja hacia el límite de los barrancos, donde lo que señala el joven solo puede significar el vacío: el final de una etapa tanto como el inicio de otra forma de ser, completamente misteriosa, para ambos jóvenes.

Así entonces, esta obra de Balthus, llena de enigmáticas lecturas y de lúdicas claves de comprensión nos hace patente toda la riqueza hermenéutica que guarda la primavera, a la que no solo se le debe contemplar en lo fastuoso de la naturaleza, sino también en las enigmáticas profundidades del alma.