domingo, 7 de octubre de 2012

Albert Camus: los límites de la razón

Albert Camus, el extraordinario escritor francés, tuvo la entereza espiritual para enfrentarse de lleno con una perspectiva franca del mundo, y así, al final tuvo que manifestar que, de acuerdo a su juicio, la realidad es absurda.


Para Camus, es infructuoso que el polo opuesto de la inteligencia, es decir, la obcecada razón, nos asegure que todo es evidente y comprensible. El autor de “El mito de Sísifo” incluso hubiese deseado que las cosas fueran así, pero no obstante, la ciencia desarrollada durante tantas centurias, discursos a veces pretenciosos, a veces excesivamente pragmáticos, labor de personas brillantes y profundas, no consigue engañar a un alma lúcida, consciente de su propio extravío, de su perdición sin final.

Aun cuando se diga que la verdadera felicidad solo está asociada al saber, las categorías de la razón, la autosuficiencia de los saberes científicos, toda moral, todo utilitarismo todo determinismo, no pueden sino generar una sonrisa de incredulidad a una persona sincera con respecto a sus propias tinieblas. Puesto que, poca relevancia tiene una luz que solo alumbra lo que quiere ver. Las honduras del alma no precisan ser develadas sino exploradas y asumidas para fines de un existir honrado y pleno. Para Camus, la verdad del mundo no tiene que probarse sino experimentarse sin hipocresías: el hombre está sujeto a su propio sinsentido.

Y justamente, solo en ese sinsentido puede ser inteligible un destino para la humanidad. Lo irracional se manifiesta hasta en lo más ínfimo del acontecer cotidiano, y el Todo solo puede ser racional vinculado a lo que no se puede razonar. Camus considera que, al aseverar que la realidad era absurda, acaso fue demasiado lejos; quizá lo único que puede de afirmarse es que el mundo, en su particular esencia, no es razonable.

Lo que si entonces, resulta de un absurdo censurable, es la necesidad de contraponer los ínferos del ser propio, con ese afán de develarlo todo, con una luz tan excesiva e irreflexiva que, de tanto alumbrar, no deja ver nada.

Se puede o no estar de acuerdo con la postura de Camus. Sin embargo, lo que sí es ponderable, es su enérgica tendencia a confrontar el sentido de las ciencias y la abstracta racionalidad, con la compleja y latiente realidad existencial humana. Porque nada nos dice lo que solo nos calcula, nada nos comunica lo que nos separa clasificando, y de nada sirve lo que tan solo sirve. Ser no es nada sencillo, pero reconocerlo es ya conocer algo, que bien puede serlo Todo.