martes, 9 de octubre de 2012

Filosofía del cine gore

Hay un subgénero cinematográfico que se está perdiendo poco a poco, en una lamentable consecuencia de la voracidad mercadológica de los grandes estudios norteamericanos, obstinados en desperdiciar financiamiento en remakes edulcorados e innecesarios de cintas clásicas del género fantástico de los ochentas, en lugar de fomentar la creación de obras nuevas elaboradas por jóvenes talentos, que más que copiar rinda homenaje, con ingenio, a los años dorados en cine gore, los postreros setenta y la primera parte de los ochenta.


En este sentido, vale la pena recordar una cinta típica de este periodo, muy destacada porque expone el grado de inteligente refinamiento que llegó a alcanzar el cine fangoriano de bajo presupuesto en los Estados Unidos en ese tiempo tan fructífero. Esa cinta tan recomendable se titula “ Night of the Creeps”.

Ironía provechosa

Esta divertida cinta de 1986, dirigida por Fred Dekker, nos introduce en un típica ciudad pequeña norteamericana, que tiene su escuela superior, donde un par de adolescentes fugados de las cintas de Porky’s tratan de conquistar chicas. Pronto la vida de estos perdedores cambiará cuando un meteorito caiga a la tierra, y los insaciables alienígenas que allí venían, unas babosas parásitas con el poder de revivir cadáveres, hagan lo posible por devorar a todos los habitantes del pueblo. Un astuto y cansado policía con mucho estilo se encargará de combatirlos, auxiliado por los despistados jóvenes. La cinta de Dekker incluye un montón de guiños a directores muy queridos de la serie B, como George Romero, Sam Raimi, Joe Dante, John Landis o David Cronenberg. En Night of the Creeps se aprecia una ironía respetuosa y muy inteligente, y el veterano actor Tom Atkins se lleva las palmas como el cansado pero implacable detective, a la Spillane, que siempre tiene una maldición ingeniosa que proferir.

La filosofía del cine gore

En Night of the Creeps los monstruos son el pretexto para mostrar cómo, cualquier elemento de la realidad, extraído de su habitual cotidianidad, puede ser apto para transformarse en lo Otro, nuestra propia esencia desconocida, lo que nos haga dudar de la propia racionalidad del mundo. La sobre abundancia de expresividad, cuando los muertos vivientes tratan de seguir existiendo a costa de lo que sea, nos evoca la voluntad descrita por Schopenhauer, que alude a un fondo de la realidad en perpetua inquietud: un magma bullente de ganas de ser y ser más en la pluralidad. Los protagonistas no son más que los símbolos de la racionalidad superada por su propio afán de existir, extraído de su interior y puesto frente a ellos, reptante y hambriento. El cine gore puede llegar a ser un ejercicio metafísico, profundo y divertido.