domingo, 7 de octubre de 2012

Francis Bacon: arte, existencia y dolor

No existe tensión en una obra plástica si no se hace patente en ella, la huella de una lucha con el objeto. Esta podría ser la divisa estética de Francis Bacon (1909-1992), quien, no obstante haber nacido en Dublín y haber fallecido en Madrid, está reconocido como el pintor británico más importante del siglo XX. Su padre, de dificil carácter, se constituyó en una referencia autobiográfica directa de las creaciones de Bacon. Tales obras, con su sombría tortuosidad, jugaron un rol preponderante en el movimiento de la “Nueva figuración”, notable alternativa al informalismo y paralelo desarrollo estético a la abstracción cultivada por Henry Moore. 


La trayectoria de Bacon se concretó de manera tardía. Lo que trabajó antes de la Segunda Guerra Mundial se perdió casi por entero, al ser desechado por el propio autor. Una pintura que- en retrospectiva- puede identificarse como programática en la producción de Bacon, es el tríptico “Estudio para tres figuras al pie de una crucifixión” (1944). En esta extraña composición, Bacon expuso todas las inquietudes e intuiciones que desarrollaría posteriormente: una concentración preponderante en la figura humana y el retrato; una singular interpretación de los modelos y temáticas del arte clásico, y además, una vinculación de los motivos anteriores con las problemáticas más acuciantes y dolorosas- tanto en lo individual, como en lo colectivo- del siglo XX.

Las fuentes de las que se valía Bacon para inspirarse eran variadas y sui generis: una lectura muy personal de artistas como Grünewald, Tiziano, Velazquez, Van Gogh, Picasso y los grandes nombres del impresionismo; esculturas de la Antigüedad clásica; filmes expresionistas y surrealistas, por ejemplo, de Buñuel, Einsenstein y Stroheim; los ensayos fotográficos llevados a cabo por Muybridge; radiografías antiguas, análisis de raros casos anatómicos; manuales de patologías extremas y casos de mutilación maxilofacial y odontológica, etc.


Y como pauta general, una preocupación angustiante sobre la corporeidad, el sexo y la vivencia del desnudo.

Derivado de lo anterior, Bacon nos ofrece una perspectiva opresiva y oscura acerca del fenómeno de lo humano en el siglo XX. Existir, de acuerdo al mundo creado por este pintor británico, implica una experiencia de lasceración interna, de indefensión radical, que envuelve, sofoca y desfigura hasta lo irreconocible. Los tópicos carácterísticos de Bacon, se han transformado en figuraciones paradigmáticas de la angustia que se vive en las sociedades contemporáneas.


Los seres humanos, bajo la desesperante optica de esta obra, no son más que victimas de sociedades inclementes, desgastantes y crueles. Lo anterior se evidencia en los ámbitos pesadillescos de Bacon: habitaciones claustrofóbicas de muros torcidos, en donde se dejan ver rostros desfigurados en los rincones, o dolientes seres, anquilosados o arrastrándose, como presos en una eterna exhibición circense. El arte de Bacon puede considerarse, en última instancia, como una profunda y perturbadora reflexión acerca del absoluto- sus silencios-, el dolor y la muerte.