lunes, 1 de octubre de 2012

Locura y sociedad

El concepto de locura está determinado, en todo momento, por las nociones imperantes de racionalidad y de corrección social. Detrás de cada gran locura hay una norma social transgredida. Algunas conductas, las cuales hoy se consideran propias de quien padece esquizofrenia o locura, no eran consideradas así en el pasado y viceversa. De cualquier manera, la locura aparece con frecuencia, en la cultura y la historia de las sociedades, asociada estrechamente al amor y el genio creativo.


La clave para entender el fenómeno de la locura desde una perspectiva social, hay que rastrearla desde la identificación platónica de locura con el entusiasmo divino, es decir, el control de la mente por obra de una divinidad. Esta idea aún mantuvo mucha fuerza durante la Edad Media: periodo en donde la divinidad, lo demoniaco y lo humano, estaban entreverados fuertemente. Por ello, era entonces imposible distinguir una patología de un éxtasis místico o un arrebato pasional de amores.


Paradójicamente, fue en la Edad Media en donde la figura social del “loco” gozo de cierta tolerancia. Es cierto que los dementes carecían de cualquier consideración y estaban orillados a la marginalidad, sin embargo, por lo menos no eran objeto de encierro y en general eran aceptados por los demás, a la manera del “tonto del pueblo”. Incluso el bufón medieval- una cierta variación del “loco”- podía criticar con astucia a los poderosos.


Fue en el Renacimiento, cuando la locura comenzó a ser criminalizada. La fuerza de otredad, incontrolable, peligrosa, que exhibía quien estaba fuera de sus cabales, fue detectada por los poderes de lo instituido. Justo entonces la locura fue comprendida como el lado oscuro de una persona. Desde el Renacimiento, el loco fue elresponsable de su propia diferencia, con la consecuencia directa de verse excluido y rechazado por los demás.


Una muestra de lo anterior la tenemos en la nave de los locos. Representada en célebres pinturas, esta práctica era una realidad habitual en aquellos tiempos. Se colocaba en una barca a muchos dementes y se les arrojaba a las corrientes de los ríos, con el fin de alejarlos lo más posible de una comunidad. Es imposible saber a cuantas personas con esquizofrenia, depresión amorosa o ataques de furia, padecieron este destino.