lunes, 1 de octubre de 2012

Jorge Luis Borges: laberinto de universos

Aquel que vio la luz por primera vez en Buenos Aires en 1899 es la misma persona que falleció en Ginebra en 1986. Se trata del mismo ser que definió su estadía en el mundo, por medio de algunos amores sin esperanza, una sed inagotable de lecturas y una sola pasión verdadera: la literatura. Ese es Jorge Luis Borges.


En un universo inextricable y complejo, en cada ocasión que uno de sus habitantes se ve en la disyuntiva de elegir, no elije una sola opción sino todas a la vez. De este modo se gestan infinitas historias universales. Si se considera que tal universo cuenta con innumerables habitantes y cada uno de ellos se encuentra segundo a segundo con situaciones de disyuntiva, se comprenderá la enorme combinación de procesos que allí se desencadena y que da como resultado universos dentro de universos y una sola vida para pensarlos. Esta paradójica situación, este cosmos de circunstancias, parece definir la obra entera de Jorge Luis Borges.

Este escritor argentino, al nivel de grandes como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Octavio Paz o Mario Benedetti, estructuró a lo largo de una vasta serie de poemas y de ficciones un inteligente dispositivo para escapar cualquier tipo de lectura constreñidora, cualquier cárcel de clasificaciones, categorías o hermenéuticas falaces. El universo de Jorge Luis Borges está colmado de objetos-paradoja: un cono diminuto pero con un peso ingente, un punto, el Aleph donde se concentran todos los puntos posibles; un libro de arena con páginas infinitas o bien, una curiosa moneda de una sola cara.

En la cultura popular, quizá aun está pendiente una gran adaptación de su laberinto de universos. Jorge Luis Borges fue llevado al cine, por ejemplo en la adaptación fílmica de la novela de Umberto Eco, "El nombre de la rosa", en especial en el personaje del ciego bibliotecario Jorge de Burgos. También se le homenajea en la cinta Alphaville de Jean- Luc Godard, en la figura de la computadora Alpha 60, la cual tiene el control de una ciudad-universo entera, y lo hace citando frecuentemente al autor de Ficciones. La reciente y brillante película de ciencia ficción, "Inception" de Christopher Nolan, le debe mucho a los universos laberinto de Jorge Luis Borges en su trama de sueños dentro de sueños.


Para Jorge Luis Borges el universo es como una biblioteca colosal. Los elementos más variados del entorno de la naturaleza, son para este escritor, se encuentran dentro de los volúmenes de esta biblioteca laberinto. Pero como ocurre siempre en cada instante, el desorden y la entropía hacen su aparición y al desordenarse los volúmenes generan series azarosas, conjuntos insospechados, libros imaginarios o apócrifos, pero sobre todo se altera el tiempo, ese gran inquisidor silencioso.

El tiempo es para Jorge Luis Borges la clave de su laberinto de universos, el último límite de ese hombre que se comprende y que en donde se dispersa, sin límites, en todos los hombres.

Al final uno de los volúmenes de la biblioteca laberinto, firmado por uno de tantos Borges, enuncia: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego..."