viernes, 13 de abril de 2012

El punto: símbolos y representaciones

El punto, en contra de lo que aparenta su humilde manifestación en el arte, podría simbolizar secretas fuerzas y códigos del cosmos.


El punto ha tenido una relevancia fundamental en las diferentes formas del arte pictórico. Su simple presencia, incluso humilde, disimula una gran carga simbólica, capaz de dar cuenta del cosmos entero, por medio del arte y el anhelo de trascendencia.



El origen

Un primer acercamiento a la simbología del punto podemos identificarlo en la pintura de Helen Frankenthaler "La otra cara de la Luna" (1995). Un gran punto rojo es el vértice de donde una serie de colores y formas abstractas se determina. El ámbito particular que nos presenta Frankenthaler, cobra profundidad y sentido gracias a ese rotundo punto: es la otra cara de la Luna, la que en secreto gesta a la visible y luminosa. 



En este caso, el punto es el centro, el origen, una referencia a la capacidad creadora de lo real. De acuerdo a San Clemente de Alejandría, si a un objeto se le abstraen sus características particulares, al final solo queda un punto, al haber alcanzado la unidad primordial del cosmos. El punto de Frankenthaler es también como el Bindu del arte hindú y tibetano: la gota vital, el germen de toda manifestación.

La armonía

Otra forma de comprender el sentido simbólico del punto en el arte, es como un garante de armonía. Tal es el caso de la obra "Proun" (1920) de El Lissitzky. Una construcción de figuras geométricas y líneas rectas se sostiene en perfecto equilibrio gracias al gran punto que le sirve de base. Y es que el punto, desde cierto enfoque, solo puede pensarse de acuerdo a las direcciones en el espacio relacionadas con su presencia. Al ser el inicio de cualquier extensión y carecer de dimensión alguna, el punto no se encuentra determinado por los factores espaciales, aun cuando él, por su parte, si orienta a los elementos que le rodean. 



Mucho se inquirió acerca del significado del término “proun” para El Lissitzky. La única referencia que Lissitzky ofreció acerca del proun, era que se relacionaba a un estado intermedio entre la pintura y la arquitectura. Tal vez lo que quería aludir Lissitzky, era que proun no es más que un punto, una intersección dadora de sentido, armonía y equilibrio. Como el punto metafísico de Leibniz, o el “centro inmóvil” del círculo de Chuang-tse. El punto es solución de fuerzas antagonistas: origen de la meditación y la culminación integradora de lo espiritual.

Lo otro

Una manera más de comprender al punto es como cifra de primordialidad, como señal de fuerzas atávicas. Por ejemplo, en el arte africano, la decoración con puntos refiere por lo general a un elemento real: estrellas, semillas, etc. Estos puntos a veces están en solitario y a veces en conjuntos que conforman figuras: cuadrados, rombos y círculos. Se trata de un código atávico, una manera de comunicación pura, esencial: en ciertas regiones de África, tierras de caza, tres puntos cercanos representan a un cazador, su perro y la presa. 



Y en otras zonas de este continente, de grandes sabanas, puntos blancos sobre un oscuro fondo, aluden a los fuegos nocturnos parpadeando en la densa noche: las estrellas. Justo de esta manera, una obra como Constelación: "Despertando al Amanecer" (1944), de Joan Miró, representa el punto. En esta pintura, Miró plasma una vivencia común de una manera tan elemental- a través de una jubilosa caligrafía de puntos, líneas, y colores primarios- que se comprende perfectamente el sentido de maravilla ante el fenómeno natural que se evoca. 

El punto para Miró y el arte de los pueblos aborígenes, es una señal de comprensión, una pauta de identificación y religación. Una diminuta ventana por donde asomarse a lo que supera todo lenguaje, y a la vez lo posibilita, en el experimentar prístino de la realidad.