jueves, 5 de abril de 2012

La pintura italiana hacia 1500

La pintura italiana, hacia 1500, dejó de tener a la Toscana como centro de referencia y se definió por las tendencias estéticas de Roma y de Venecia. A lo largo del siglo XV, la ciudad de Florencia fue el corazón de la creación plástica de Italia. Fue justamente en Florencia, en donde se manifestó por vez primera el Prerrenacimiento- en el sentido cabal del término- en el periodo entre 1400 y 1450. Desde este punto, partieron impulsos e influencias determinantes para las demás regiones italianas. Empero, lo anterior no debe hacer olvidar que los orígenes del “arte clásico” renacentista, se localizaron lejos de la Toscana.


Piero Della Francesca (1420-1492), además de la perfección de su manejo de la perspectiva, le daba una especial relevancia a la superficie de la pintura. En este sentido, también fue un creativo importante para la tradición, en el manejo del color en la pintura occidental, debido principalmente a los efectos de iluminación ambiental que producía con magistral pericia.

Maestros en transición

A Piero Della Francesca se le ha de considerar con el mismo reconocimiento que a El Perugino (1448-1523). Aun habiendo sido maestro del gran Rafael, Perugino ha sido opacado injustamente. En muchas de las mejores obras de Rafael, se advierte el impulso recibido por Perugino. El mayor mérito de este último, radica, no tanto en la expresividad de sus figuras, como sí, en cambio, en su manejo perfecto- típico de la Umbría- de los grandes espacios; al detalle concentrado en los paisajes; a la disminución de las líneas para favorecer delimitaciones cromáticas, por modulación, entre los cuerpos, y, sobre todo, a su perspectiva de la superficie pictórica como una entidad homogénea. Lo anterior, si bien no equipara la obra de Perugino, con el virtuosismo de Rafael, si implica la transición desde artistas previos, a la propuesta de este gran artista.


De manera análoga, aunque a través de otros recursos expresivos, el artista veneciano Giovanni Bellini (1430-1516) exhibe una trayectoria estilística directa hacia el Alto Renacimiento. En cuanto a ello, el estudioso Eric Hubala tuvo a bien escribir alguna vez “Bellini nació con el norte indicando hacia lo clásico”.

Cambio de estafeta

En retrospectiva, se comprende cómo, hacia el año 1500, el núcleo dinamizador del arte se haya desplazado de Florencia, a Roma y Venecia. Las causas de ello fueron: la caída de los Medici en 1494 y la influencia del monje Girolamo Savoranola (1452-1498), vociferador de apocalipsis que nunca fueron. 

Ambos sucesos, entre otros, pusieron fin a la eclosión cultural de Florencia, que había tenido lugar gracias a Lorenzo el Magnífico (1449-1492). Tras la muerte de Savoranola en la hoguera, Florencia es disputada por fuerzas rivales, hasta que la familia de los Medici retorna al poder en 1512.


Justo en esas dos agitadas décadas surgen las mejores obras del “arte clásico” renacentista. Mientras que Florencia, por ese entonces, se quedó sin inspiradores de renombre y sin mecenas, Venecia en cambio, transitaba del siglo XV al XVI con importantes clientes, miembros de una poderosa estructura feudal, y Roma, por su parte, se reposicionaba, gracias al empuje del papado, como el centro cultural de Occidente. Esto último se concreta con el nombramiento de Donato Bramante para la construcción de la Basílica de San Pedro; el de Miguel Ángel, para crear el monumento funerario del papa Julio II, y el traslado de Rafael a Roma. Todo ello a lo largo de la primera década de 1500.

Hipotético renacimiento

Vale la pena preguntarse si Florencia, en un contexto histórico alternativo, hubiera podido llevar al Renacimiento a su máximo desarrollo. Es incuestionable que la Toscana había expuesto durante mucho tiempo un gran talento para gestar novedosas propuestas artísticas. Pero, en realidad, Florencia careció de la destreza necesaria para derivar al equilibrio clásico: las grandes conquistas del arte florentino se fundamentaron en una dialéctica entre razón y emoción, es decir, una trama de tensiones dinamizadoras. Resulta entendible, por lo tanto, que Florencia recuperara un lugar preponderante en el arte, cuando ciertas tendencias anti-clásicas llegaron a dominar el ambiente cultural europeo.


La síntesis de un grande

Por otra parte, se pueden sintetizar las tendencias pictóricas de esa etapa del siglo XV de la siguiente manera: mientras que en Roma, el Alto Renacimiento se definió a través del tratamiento de la forma, en Venecia se caracterizó por el estudio del color. El único artista que concilió ambas corrientes fue Leonardo da Vinci (1452-1519). En su obra se sublimó el realismo característico del siglo XV y cobró una notable relevancia, imposible para la generación previa de artistas, la geometría del plano y la estereometría del espacio.


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El arte de Coreggio

Leonardo Da Vinci, "La Anunciación"