miércoles, 11 de abril de 2012

El simbolismo abstracto

El simbolismo abstracto se cultivaba en obras de gran formato, fondos monocromos, formas sencillas y rotundas, colores matizados y una voluntad conceptual.


En cierta etapa del siglo XX, el tránsito hacia lo abstracto de importantes creativos requirió la invención de un lenguaje formal de singulares simbolismos. No obstante, algunas abstracciones presentes en sus obras- no referidas a objetos determinados- si aluden, hasta cierto punto, a manifestaciones de la realidad.

Las obras de Mark Tobey (1890-1976), uno de los pilares del simbolismo abstracto, partieron de profundas meditaciones filosóficas. Tobey tenía como objetivo principal, crear un arte sin estructuras y formas definidas. Tal tentativa se gestó a partir de la particular lectura que Tobey hizo del Cubismo y de su adhesión a la religión Bahai, la cual proclama una vinculación espiritual de la humanidad entera. En 1935, con sus célebres “Escrituras blancas”, Tobey inaugura su estilo maduro: densos ramilletes de líneas blancas sobre fondos oscuros. De acuerdo a este pintor estadounidense, estas composiciones expresan la unidad de forma y movimiento que definen al cosmos.



Buscadores del concepto

Por otro lado, los pintores Mark Rothko (1903-1970), Clyfford Still (1904-1980), Barnett Newman (1905-1970) y Ad Reinhardt (1913-1967) acostumbraban trabajar en grandes áreas de evocación monolítica. En esa transgresión del tamaño normal de un cuadro- por ejemplo, de caballete- provoca en el contemplador la impresión de que se han difuminado los límites de la obra. Por lo consiguiente, parte de la intención de los cultivadores del simbolismo abstracto era fomentar una rotunda experiencia de la espacialidad.

Arte y misticismo

Rothko, para la década de 1950, había hecho devenir sus formas en el lienzo en grandes campos de color rectangulares, los cuales flotaban unos dentro de otros y sobresalían de un fondo monocromático. Tan solo esa forma de exponer los colores exhibía elegancia y refinamiento por parte de Rothko. Los colores elegidos por este último producen una atmósfera de solemnidad y trascendencia. Rothko interpretó al simbolismo abstracto como una oportunidad de exponer pictóricamente hondas intuiciones místicas.


Elemental experiencia

Still, por su parte, también se decantó por temáticas filosóficas. En 1947, su interés en representar ideas universales le hizo concretar su estilo personal: lienzos colosales con fondos monocromáticos, los cuales abarcan la mayor parte de la superficie, a excepción de los bordes, en donde pululan brillantes y caprichosas formas.


En cambio, Newman trabajó más el color. Sus monumentales lienzos- con distribuciones a veces verticales y a veces horizontales- son el marco de formas simples, de grandes dimensiones. Se trata de composiciones de una proyección rudimentaria y contundente, que generan una sensación de profundidad reflexiva. La reducción formal manejada por Newman, fue la base del llamado Minimal Art.

Independencia estética

Finalmente, el también crítico e historiador del arte Reinhardt trató de cultivar un arte de abstracción pura. A partir de la década de 1950, Reinhardt procedía a la división del lienzo en rectángulos bien definidos, los cuales colmaba con tonos de un mismo color, ligeramente matizados. Y si bien Reinhardt en sus obras primeras trabaja con colores vivos y brillantes, posteriormente, en sus obras de madurez, utilizó oscuros tonos, mismos que definirían sus famosas "Black Paintings", los más significativos de la pintura de campos de color.


Para Reinhardt, tal y como- en cierto sentido- también lo fue para los demás cultivadores del simbolismo abstracto, el arte era un objeto perfectamente definido, autónomo y separado de todos los demás elementos y acontecimientos de la realidad, y con un significado ajeno a toda explicación o traducción. Para Reinhardt, progresar en el arte implicaba negar progresivamente sus medios formales.


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