sábado, 30 de marzo de 2013

La sabiduría antigua

El ideal antiguo de sabiduría se basa en una combinación de lo teórico con lo práctico; esto es, la convicción de que el saber y la virtud son lo mismo.


Para comprender el sentido que tuvo la filosofía en los tiempos antiguos, es aconsejable acercarnos a su crisol, la noción de sabiduría. El significado de este término en la Grecia Antigua se manifestó, entre un sentido principalmente teórico y otro más bien práctico. El primero es patente en Platón y Aristóteles.

Platón pensaba a la sabiduría como la máxima virtud, solo accesible a la clase más elevada de su ciudad ideal y la sección de mayor valía en el alma, de acuerdo a la división en tres partes propia de ella. No obstante, Platón aceptó también otros sentidos de la noción de sabiduría; tal es el caso de la sabiduría como arte, esto es, la destreza para llevar a cabo una operación.

Lo que diferencia a ambos significados de la noción de “sabiduría”, es que, en tanto que la primera concepción nos presenta una sabiduría superior, la segunda, nos expone una sabiduría inferior. Esto se comprende mejor al pensar que el primer sentido se refiere a “la” filosofía; y el segundo, a “una” sabiduría posible entre tantas más.

Conocimiento de los misterios del ser

Por otra parte Platón, en muchos pasajes, se refirió acerca de la sabiduría como una investigación de las cosas de la naturaleza. La preeminencia del sentido teórico de la sabiduría antigua llego a su punto máximo en Aristóteles, cuando este último se definió a la sabiduría como la ciencia de los primeros principios y la nombró como filosofía primera (esto es, su particular metafísica) En este marco, la sabiduría antigua se presenta como la combinación de la razón intuitiva con el perfecto conocimiento de lo superior, es decir, de los principios o primeras causas de todo cuanto existe.

La decantación de la sabiduría hacia lo teórico o lo contemplativo disminuyó ostensiblemente a lo largo del periodo helenístico. En las escuelas filosóficas posteriores a Aristóteles, ganó fuerza la perspectiva de la sabiduría como una actitud de prudencia y moderación frente a todos los asuntos de la vida cotidiana. En este caso, a la visión de universalidad se le aunaron las cualidades de madurez y de experiencia. El sabio en el periodo helenístico es aquel que posee todas las cualidades precisas para emitir opiniones maduras y reflexivas ajenas por completo a la precipitación o las pasiones. Por lo anterior, en aquellos tiempos, a los sabios con frecuencia se les tomaba por hombres prudentes y juiciosos.

Entereza y bondad

De tal manera que, el ideal de sabiduría en la Grecia Antigua, se basa principalmente en una combinación de lo teórico con lo práctico, o más bien, se basa en la convicción de que el saber y la virtud son lo mismo. Así pues, la imagen de los sabios que se tenía en la antigüedad clásica, va, desde un saber de la bondad, que puede llegar a identificarse con la bondad misma, a un ejercicio de la bondad, que evidencia su pleno conocimiento.

Una posible culminación de esta perspectiva, se hace clara en el ideal del sabio manejada por los estoicos. Este último tiene la capacidad de afrontar el ilimitado rigor del universo, con una serena y ejemplar aceptación de su particular destino.

Obsequio divino

Mucho después, en el marco de las teologías y filosofías de la Edad Media, tuvo mucha aceptación la perspectiva agustiniana de la sabiduría como un conocimiento de orden superior, obtenido merced a la gracia divina y al cual se encuentran subordinados todos los demás saberes. Algunos pensadores de este periodo se ocuparon en fijar diferentes grados de sabiduría, y quien más se afanó en establecer tales pautas, fue Tomas de Aquino, uno de los filósofos más importantes de toda la Edad Media.