sábado, 30 de marzo de 2013

La filosofía durante el Imperio Romano

La filosofía durante el Imperio Romano se definió por un notable eclecticismo, debido principalmente, a la falta de una base organizada de doctrinas.


En el 86 antes de Cristo la ciudad de Atenas fue vencida por los romanos, transformándose así Grecia, en un territorio sometido por Roma. Tal circunstancia derivaría en la clausura de las escuelas filosóficas. Por supuesto, continuaron apareciendo maestros individuales, pero las escuelas filosóficas que llegaron a formarse, por aquel entonces, tuvieron una existencia efímera.

El estoicismo es desarrollado por Posidonio en Rodas, a través de un novedoso planteamiento; Lucrecio cultivaría el epicureísmo, aunque sus ideas religiosas motivarán que sea expulsado de Roma, durante el mandato de Augusto. El aristotelismo cede en su autonomía frente al idealismo platónico y se torna más ecléctico: los textos aristotélicos se comprenden, en ese entonces, como una suerte de variación de la Teoría de las Formas de los platónicos. Por lo que se refiere al propio platonismo, este deja a un lado su anterior escepticismo y se aviene más a una cierta ontología emanacionista de corte religioso, en combinación con una renovada numerología neopitagórica.

Último bastión

Los cambios acontecidos en las instituciones romanas durante el Imperio, generarían un reacondicionamiento de la base cultural. Es entonces cuando aparecieron figuras como Enesidemo, Posidonio, Cicerón y Lucrecio, quienes fungieron como introductores de los planteamientos intelectuales griegos en Roma. Ellos intentaron reformular doctrinas pasadas, llevando a cabo una síntesis de posiciones que suavizaban su talante crítico. La filosofía durante el Imperio Romano se definió por un notable eclecticismo, debido sobre todo, a la carencia de una base organizativa bien definida.

En el periodo de la Antigüedad tardía, el desarrollo creciente de la iglesia cristiana, provocó que las escuelas de corte pagano se convirtieran, agrupadas, en una suerte de oposición. Cuando el cristianismo fue declarado como religión oficial, los pensadores paganos se afanaron por restaurar al menos una de las escuelas antiguas: el neoplatonismo de Proclo y sobre todo de Plotino. Ellos habían construido un sistema fundamentado en el platonismo que funcionaba en cierto sentido como una religión y que tenía como idea principal, la esencia de la trascendencia.

Plotino organizó una especie de frente unido, con todas las escuelas filosóficas antiguas que aún sobrevivían en los tiempos del cristianismo creciente, pero también asimilando ciertos elementos de movimientos religiosos de tipo ocultista. En última instancia, la escuela neoplatónica se erigió como el corazón de un movimiento opositor al cristianismo y trató de que los cultos tradicionales fueran restaurados.

Asimilación insospechada

La supremacía del cristianismo tras el 250 después de Cristo, consolidaría la victoria de la religión sobre el pensamiento laico. Sin embargo, el catolicismo aún contendería con numerosos movimientos ocultistas y gnósticos, aun cuando estos últimos carecían de la disciplina, el rigor intelectual y la capacidad organizativa de la filosofía antigua. Por otro lado la expansión de la Iglesia Católica derivaría en conflictos heréticos en su interior, llevados a cabo por grupos como los monarquianos, arrianos, monofisitas y pelagianos. Ellos discutían sus puntos de vista, totalmente, en el ámbito de las abstracciones filosóficas. Para fortalecer sus posturas, estos grupos se apropiaron del capital cultural de las escuelas filosóficas fenecientes: algunas ideas del platonismo medio y posteriormente del neoplatonismo, que se usaron como armas intelectuales en los combates contra los movimientos heréticos.

Las escuelas filosóficas que aún existían se adhirieron a un especial sincretismo: la antigua rivalidad entre los filósofos y los retóricos se difuminó por completo, puesto que los primeros se pusieron en busca de una base material renovada. Todo ello aconteció en un periodo con un gran mercado para los oradores y abogados en Roma: ellos fueron los dinamizadores de la vida cultural romana. De tal manera que, el nexo entre filosofía y retórica se hizo nefasto para el pensamiento posterior, ya que motivó que las doctrinas filosóficas fueran tomadas a manera de simples recursos por parte de los retóricos.

Amargo final

Los intelectuales más destacados y mejor dotados, quienes hasta entonces habían decidido seguir carreras de retóricos o de funcionarios, como fue el caso de Agustín de Hipona, se movieron a la iglesia. Este último personaje, mejor conocido como San Agustín, se proyecta como el mejor exponente de un conocimiento enciclopédico de corte pagano en un contexto plenamente cristiano.

En el 529 después de Cristo, se dio el canto de cisne del pensamiento antiguo, puesto que el emperador Justiniano prohibió las filosofías paganas y los filósofos alejandrinos se pasaron al cristianismo, en tanto que, los filósofos atenienses, resistieron hasta su definitiva desaparición.