sábado, 30 de marzo de 2013

Anaxágoras y el nous o inteligencia del ser

Anaxágoras introduce algo nuevo en la filosofía: el nous. El movimiento de las partículas de la realidad, estaría condicionado por tal inteligencia del ser.


El presocrático Anaxágoras nació en la comunidad de Clazomene, en el Asia Menor, aproximadamente en el año 500 antes de Cristo. La juventud de este pensador se desarrolló en un tiempo en el cual Clazomene se hallaba bajo del dominio de los persas, tras haber sometido la revuelta Jonia. En cierto momento, 
Anaxágoras decidió trasladarse a Atenas, lugar en donde pasaría casi toda su vida, llegando a ser maestro y amigo de Pericles y de otras importantes personalidades atenienses de aquel entonces. 

Justo ese vínculo cercano con Pericles, hizo que los enemigos de este último lo acusaran de impiedad, lo cual lo obligó a dejar Atenas. Anaxágoras entonces se refugió en Lámpsaco, colonia de Mileto, en el territorio de Jonia. De acuerdo a Diógenes Laercio, en ese lugar el filósofo se dejó morir de hambre. Se sabe que en Lámpsaco fue muy respetado e incluso tenía un grupo de seguidores.

Anaxágoras vertió sus enseñanzas filosóficas en un libro, del cual apenas se han logrado recuperar algunos fragmentos. Artistóteles en su Metafísica comenta que, para Anaxágoras, el número de los principios es infinito y que todo se halla mezclado excepto la inteligencia, la cual existe pura y sin mezclarse con nada. Así entonces, de acuerdo a Aristóteles, Anaxágoras admitía dos principios: en primer lugar la unidad, algo puro y sin mezcla alguna y en segundo lugar, lo indeterminado, esto es, lo que aparece antes de que haya recibido cualquier forma.

Permanencia y cambio

Tal y como sucede con Empédocles, Anaxágoras intentará una explicación del cambio, reconociendo la permanencia del ser, justo como se planteara este dilema en los planteamientos de Parménides. En este marco, el ser no puede generarse ni corromperse y no puede haber nacimiento, ni destrucción alguna, sino únicamente una separación o mezcla de los elementos de la realidad. Por lo tanto, la solución planteada por Anaxágoras, será también de tipo pluralista, como la de Empédocles, pero en contraste con este último pensador, en lugar de proponer cuatro elementos esenciales, Anaxágoras propondrá un número infinito de principios, cada uno de ellos inmutable y eterno, como el ser de Parménides.

Tales elementos originarios o “semillas”, como les nombraba Anaxágoras, eran distinguibles, unos de otros, en un sentido cualitativo. La combinación de esas semillas es lo que hace surgir los objetos de la realidad. Cuando en algo prevalece una cierta clase de semillas, el objeto en cuestión ostenta las propiedades de las partículas dominantes. Y es que, para Anaxágoras, hay partículas de todo en todas las cosas. Lo anterior daría cuenta de la transformación de los objetos, unos en otros. Por ejemplo, si los vegetales que alguien consume se transforman en carne, es necesario que exista carne (esto es, de acuerdo a este filósofo, semillas o partículas de carne) en esos mismos vegetales.

En esta perspectiva es como debería comprenderse el planteamiento acerca de que hay porciones de todo en todas las cosas. Basta pensar en un trozo de oro, el cual posee partículas de todas las demás cosas, si bien, en él, prevalecen las partículas de este metal precioso, por lo cual, sencillamente le nombramos como oro.

La inteligencia del ser

Con respecto a la dinámica de combinación y separación de las semillas, para explicarla, Anaxágoras introduce un elemento inédito en la historia de la filosofía: el nous o inteligencia del ser. Los movimientos de las semillas se hallarían condicionados por dicha inteligencia. Pero el rol de esta última se limita al de ser causa primera del movimiento, el cual, una vez acontecido, sigue operando por su cuenta, de acuerdo a causas estrictamente mecánicas. Las semillas o partículas del ser son impulsadas por el nous en un movimiento similar a un torbellino, lo cual sería lo causante de la conformación de todos los objetos de la realidad, tal y como son percibidos.

Ese nous, inteligencia o mente, es pensado por Anaxágoras como un elemento con plena autonomía e infinitud y distinto a las semillas y demás cosas de la realidad. Pero también se manifiesta como ocupando un espacio, de tal manera que Anaxágoras cultiva, en cierto sentido, una visión material del nous o inteligencia del ser, concibiéndolo conformado por la materia más sutil y pura, pero sin llegar a una perspectiva inmaterial o incorpórea de tal nous.

En última instancia, a Anaxágoras se le reconoce como el primer pensador en utilizar el recurso de un principio intelectual o de tipo espiritual, para explicar las dinámicas de la realidad, si bien, de acuerdo a los reproches de Aristóteles en su Metafísica, Anaxágoras se haya valido de esta solución, cuando la explicación por meras causas de tipo material, le resultaba insuficiente.