martes, 7 de mayo de 2013

Epópteia: el arte y su espacio


Comprender Epópteia, es comprender el espacio, desde todas sus proyecciones, pero principalmente- por su vinculación a lo humano- desde su habitabilidad. Desde los tiempos prehistóricos, desde Altamira y Lascaux, los humanos se sintieron interpelados por su propia circunstancia de ser. De allí partió la necesidad de los hombres de darle sentido al mundo y comunicar la experiencia vivencial que les motivaba.


Justo ese fue el crisol de la realidad tal y como la comprendemos, allí se gestó el arte y las posibilidades expresivas del ser humano. Milenios más tarde aún persiste esa necesidad de transformar nuestro entorno y -probablemente impulsada por esa misma motivación- tornar la realidad habitable, humanizar nuestro ámbito.

No obstante, la esencia de lo humano es un misterio y no hay que perder de vista este detalle. Heidegger ponderaba que lo más cercano ónticamente, era lo más alejado ontológicamente. Debido a ello, casi es seguro que la humanidad haya estado girando sobre sus propios pasos al buscar la verdad de su propio ser, los orígenes de su percepción, de sus acciones y pensamientos. Y todo sin poder expresarlo a plenitud.

Pero, por fortuna, existe el arte, ese conjunto de discursos plurales que expresan lo humano, lo denuncian, y lo enfrentan con sus propias sombras: lo descubren, lo develan; y al mismo tiempo, lo envuelven en el manto de la ambigüedad y el más profundo misterio. El arte es la más relevante evidencia de esa interpelación que efectúa la realidad a los humanos. Incluso el arte más distanciado y conceptual puede comprenderse de esa manera.

El arte siempre será, en esencia, una sentencia frente al mundo, aun cuando su intención primaria sea la de alejarse de él. No hay arte sin transfiguración: el arte es, por antonomasia, un crisol del ser. Epópteia es un vislumbre de ser, capaz de motivar la más alumbradora verdad y a la vez, el enigma más misterioso. Y aunque estas nociones- lo mismo que el de “belleza”- se han extraído a jirones del arte de nuestros días, continúan teniendo vigencia, puesto que son pertinentes para toda construcción humana y por supuesto, para la humana construcción de “todo”.

Quizás no haya nadie tan proclive a la Epópteia como los artistas, puesto que ser artista implica llegar a las entrañas del mundo, identificarse con la máxima angustia o entusiasmo y jugarse el ser propio en el ser entero.


Enlaces relacionados con este post: