viernes, 2 de enero de 2015

El sabio y sus enigmas: el fuego de lo indecible

Tras haber relacionado la procedencia de la sabiduría con la del fenómeno de la adivinación, se abordará el modo en el que el filósofo Giorgio Colli presenta a Heráclito como uno de los sabios más relevantes de la Grecia antigua. Y para llevarlo a cabo, de inicio,  Colli refiere una antigua  narración griega atribuida a Aristóteles, acerca de la muerte de Homero,  que expone de buena manera el nexo vital entre sabiduría y enigma.[1] Lo que más destaca el pensador italiano aquí es la diferencia entre la banalidad del enigma y la consecuencia funesta de no haber podido ser resuelto. Para los sabios, entonces, el enigma era un reto a muerte. 


Y es que según Colli, quien se aventuraba en los asuntos de la reflexión había de ser imbatible en ese sentido: engañar y no ser engañado. Colli señala como en este nivel es evidente que se ha difuminado cualquier resto de trasfondo religioso. El enigma continúa siendo un fenómeno arriesgado, pero ahora su campo es específicamente el del agonismo entre los hombres[2]. Además, el planteamiento del enigma lanzado a Homero parece bastante difuso, pero es que, en efecto, el enigma es la enunciación acerca de algo no razonable que aún de cualquier manera refiere a un objeto de la realidad, Los sabios, adalides de la racionalidad, han de desenmarañar este nudo. Es por eso que para Colli el enigma, ya dentro del agonismo de los sabios, debe ser expuesto de una manera contradictoria.

Además, la anécdota sobre la muerte de Homero brinda la posibilidad de acceder a la lectura de Colli acerca de uno de los fragmentos más difíciles de Heráclito. Y es que, paradójicamente, un sabio- Heráclito- se encarga de comentar acerca de la perdición de otro sabio- Homero-. El fragmento citado por Colli es el siguiente:

“Con respecto al conocimiento de las cosas manifiestas los hombres se ven engañados de modo semejante a como le ocurrió a Homero, que fue más sabio que nadie en Grecia. Efectivamente, le engañaron aquellos jóvenes que habían aplastado piojos cuando le dijeron: “Lo que hemos visto y cogido, lo dejamos; lo que no hemos visto ni cogido, lo traemos.”[3]    

Colli resalta como el tono del fragmento es elogioso para con Homero, puesto que el sabio vencido deja de ser automáticamente un sabio.  Colli también hace hincapié en como el enigma está presentado por Heráclito como una tentativa para confundir. Para el sabio de Éfeso no es destacable el acontecimiento de que Homero haya fallecido por el oprobio, sino que se haya dejado confundir y perder. En esto es posible hallar una nueva evidencia de la malicia inherente al enigma y por otra parte una noción implícita de Heráclito acerca del sabio como aquel que no se permite que nadie le engañe.[4]

Colli identifica a Heráclito como un pensador que acepta ingresar en los dominios del enigma en el agonismo, y a su vez expone con sus aforismos un novedoso reto al intelecto de los demás sabios. Y así, tomando como punto de partida el enigma de la muerte de Homero, para desarrollar su propio enigma, Heráclito demanda una solución diferente, otra explicación al acertijo sobre el acertijo que ha lanzado por cuenta propia, pero que no se refiera a los piojos, sino a una clave de comprensión más honda, más significativa, pero que son embargo, quede expuesta en la misma estructura del enigma de los pescadores. Irónicamente, Heráclito aún espera que alguien se arriesgue a despojarle de su título de sabio[5]. Colli por supuesto se aleja de tal pretensión, pero de cualquier manera aventura su propia exégesis. Supone primero que nada un nexo entre las enunciaciones “con respecto al conocimiento de las cosas manifiestas” y “lo que hemos visto y cogido”; y del mismo modo en que Homero fue confundido con relación a las cosas vistas y capturadas, es decir, los piojos, puesto que no adivinó a qué se estaban refiriendo los jóvenes, así igual, para Colli, los hombres son engañados con relación al conocimiento de los objetos que los rodean, puesto que ignoran en sí lo más importante acerca de ellos: que en el fondo no son reales.[6]  

Colli se ocupa de la primera sección del enigma, llevando a cabo una ampliación universal de lo referido por Heráclito y así obtiene lo siguiente: “las cosas manifiestas que hemos cogido, las dejamos”[7] ¿Qué quiere decir tal derivado?

De entrada Colli conseja tener en mente los aforismos de Heráclito que niegan toda realidad a los objetos de la percepción, puesto que es bastante posible que a eso se refiera Heráclito, al expresarse acerca de las “cosas manifiestas”. He aquí los fragmentos aludidos por Colli[8]: “El sol tiene la extensión de un pie humano”, que sugiere expresar una negación de cualquier realidad de tipo objetivo, pensando en una imposible disminución del sol, únicamente, a un simple conjunto de sensaciones. Entonces el segmento del enigma “las cosas manifiestas que hemos cogido”, expresa para Colli, eso que estructura la ilusoria realidad de los humanos, nada sino un grupo de sensaciones encontradas. Pero entonces, ¿Qué señala el que se dejen esas “cosas manifiestas que hemos cogido”?

Colli propone, que lo que Heráclito acaso quiere expresar, es que los objetos del mundo son engañosos, y propician el pensarlos como existentes allende los humanos, considerarlos como realidad, al ser concebidos dentro de una supuesta permanencia. Sin embargo, a juicio de Colli, Heráclito nunca se manifiesta en contra de las sensaciones, puesto que incluso honra a los sentidos de la vista y al del oído; pero sí critica la costumbre de convertir la percepción sensorial en objetos estables, como si se situaran fuera de la conciencia[9]. Colli explica lo anterior así: se captura de inmediato la vivencia de los sentidos, y a continuación se pierde liberada. Si se intenta solidificar, materializarla fija, sin movimiento, entonces se está falseando su esencia. Colli percibe esta intuición en los fragmentos de Heráclito que comúnmente se han considerado como evidencia de una filosofía del devenir, particular del sabio de Éfeso. Pero en realidad Heráclito “no cree que el devenir sea más real que el ser[10]; cree simplemente que cualquier “opinión es una enfermedad sagrada”; o sea, que cualquier elaboración de las impresiones sensoriales en un mundo de objetos permanentes es ilusorio.”[11]

De allí por ejemplo el sentido de otro famoso fragmento de Heráclito: “No es posible entrar dos veces en el mismo río, que para Colli significa, que fuera de la conciencia y de la percepción no existe río alguno, sino solamente una rauda visión del ser propio a la que se nombra como río, y de un río en específico cuando se hace patente en repetidas oportunidades, esa misma sensación inmediata, pero que ciertamente no está vinculada a nada objetivo. “Tales sensaciones no documentan nada permanente, aunque sean semejantes; si queremos designar cada una de ellas con el nombre de río podemos hacerlo,, pero en todos los casos se tratará de un río nuevo.”[12]  

Ahora bien, retomando el fragmento de Heráclito acerca de la muerte de Homero, Colli reflexiona acerca de que, tal vez habiendo interpretado ya la primera sección del enigma, la segunda no pueda también ser resuelta dentro de la trasposición de Heráclito, y efectuando un movimiento de antítesis similar al anterior. Así pues se obtiene: “las cosas ocultas que no hemos visto y cogido, las traemos”[13].  Colli intenta responder a esta parte del enigma trayendo a colación dos temáticas fundamentales para el pensamiento de Heráclito, Una de ellas Colli la denomina como el “pathos” de los oculto[14]. Que sería la inclinación a concebir el fundamento último de la realidad como algo oculto.[15] Y en efecto así es la noción de la divinidad para Heráclito: “La unidad, la única sabiduría, quiere y no quiere ser llamada con el nombre de Zeus.”[16] Puesto que para Colli, el nombre de Zeus es conveniente para simbolizar humanamente al dios escondido, más sin embargo no es para nada una denominación si se quiere precisa, justamente porque el dios superior es algo escondido, hermético.[17]  

Colli cita[18] otro par de fragmentos de Heráclito acerca del tema, en cuanto a la preeminencia de lo no manifiesto: “A la naturaleza primordial le gusta ocultarse”[19] y, “La armonía oculta es más fuerte que la manifiesta”. [20]    

La segunda temática principal de Heráclito propuesta por Colli es la defensa mística de una preeminencia de la interioridad, sobre la falsa realidad del mundo cotidiano. Y en efecto, en muchos de sus fragmentos Heráclito parecería proponer el alma como fundamento privilegiado del mundo. Esto se hace patente en el conocido fragmento “Me he indagado a mí mismo” y más claramente en “Los confines del alma no podemos encontrarlos caminando, aunque recorramos todos los caminos: así de profunda es su expresión.”, y  en “Al alma pertenece una expresión que se acrecienta a sí misma”.  Y es que para Colli ambas temáticas mencionadas dan la impresión de coincidir, confluir, hacia una misma intuición definitiva, de acuerdo a la interpretación de la profundidad del alma que alude a lo escondido, a lo inaccesible.[21]  

Colli se ocupa presto, de relacionar esta intuición identificada en Heráclito con la segunda sección del enigma sobre Homero, para sí obtener una solución a tal acertijo. De tal suerte que el alma, lo escondido, la sabiduría, es lo que no puede ser visto ni capturado, pero que siempre está en el interior de cada uno.  “[…] son lo que no vemos ni cogemos, pero llevamos dentro de nosotros. Sólo la interioridad oculta es permanente, más aún: al manifestarse “se acrecienta así misma.”[22]  

Para Colli lo anteriormente expuesto no solamente corrobora la valía extrema del enigma en la antigua Grecia y su profunda vinculación con el fenómeno de la sabiduría, sino que aunado a esto, ha posibilitado que Colli pudiese ofrecer hondas interpretaciones acerca de Heráclito, quien es célebre por el complicado abordamiento que solicita su pensamiento.[23] Colli pondera que simplemente con el análisis cuidadoso de un solo fragmento, fue plausible unificar postulaciones de Heráclito que parecían contrapuestas.  Y además, fue posible situar otra de las intuiciones centrales de Heráclito a la esfera del enigma, de tal modo que en este punto se abre la posibilidad de que tal vez el conjunto de la sabiduría de Heráclito, no fuese sin más sino una singular red de enigmas que se orientasen hacia un mundo divino inaccesible.[24]    

Tal intuición capital de Heráclito, para Colli, no es otra sino la de la unidad de los contrarios, y por lo consiguiente en la sabiduría, la unidad, el dios, lo oculto, no son sino alusiones simbólicas al fundamento primordial de la realidad. Este fundamento es trascendencia pura. Colli cita una vez más a Heráclito: “Ningún hombre, de entre aquellos cuyos discursos he escuchado, llega hasta el extremo de reconocer que la sabiduría está separada de todas las cosas”[25]

Pero Colli, extiende el enigma a perspectivas cósmicas y lo interpreta como la expresión de lo escondido, de la deidad oculta y primordial. Y así: “toda la multiplicidad del mundo, su ilusoria corporeidad, es una trama de enigmas, una apariencia del dios, del mismo modo que las palabras del sabio, manifestaciones sensibles que son el vestigio de lo oculto, son una trama de enigmas.”[26] En última instancia, la sabiduría de Heráclito[27] vertida en formulaciones antitéticas en gran parte de sus fragmentos, no hace sino manifestar que la realidad entera es un laberinto de apariencias contradictorias, una urdimbre de acertijos de opuestos ilusorios. Y de esta manera, toda pareja de contrarios es un enigma en sí misma, que se resuelve con la alusión al dios que se oculta tras esa apariencia. Y en efecto, Heráclito lo manifiesta así: “El dios es día y noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre. Cambia como el fuego[28] cuando se mezcla con los perfumes y toma el nombre del aroma de cada uno de ellos.”[29]

Como conclusión, solo se puede inquirir si el fuego del Heráclito de Colli, acaso no  sea sino un símbolo totalizador de lo fragmentario; el nombre  impronunciable  de un devenir amnésico; el reflejo deslumbrante de un espejo reconstruido por el empeño de un niño divinal abrumado por el tedio. Quizá sea la luz de las estrellas que se comunican en un logos titilante, allende cualquier infierno, purgatorio, o paraíso. Incluso Heráclito puede no ser sino otro Dante, que se difumina cauta y oscuramente ante el clamor de una llama melancólica disfrazada de Ulises, misma que relata los trágicos avatares de la nave de la finitud, ante la impetuosidad de un tormentoso horizonte marino delirando eternidades. La sabiduría de Heráclito, la  profunda intuición de los griegos antiguos, podría no ser más que la indomable inocencia de la niña Heidi, la de Johanna Spyri, la de Hayao Miyazaki y de Isao Takahata, que extraviada en el dédalo urbano de una Frankfurt constreñidora, se juega todo arrojándose al pathos de lo oculto, y se niega en una necesidad agobiante, disimulada en el tiempo, para ver transfigurados sus insufribles cuadernos escolares en jubilosas cabras saltando bajo una lluvia de sol; la voz de su incordiante tutora convertida en el sonido de  bucólicas campanas y silvestres clamores; los grises edificios tornándose en Alpes majestuosos; en una extática transmutación, posibilitada por un peculiar estado de conciencia, donde la  lucidez se confunde con los recuerdos y los sueños con un místico conocimiento. 

Y entonces, es posible que el logos no sea sino un ser- recuerdo de la voz del viento montañoso susurrando al entreverado ramaje de los abetos; el enmarañado hilo de una Ariadna extrema, que ofrenda el (sin)sentido de un regreso al ex(traviado), hacia la olvidada salida: aquel  umbral de silencios únicos que lo expresan todo: un mudo clamor de luz que presagia el relámpago sonoro pero efímero del mundo. Porque la sabiduría de Heráclito bien puede hallarse también, en el coincidir de una vivenciada interioridad, la de Heidi (ónticos sueños de un porvenir ilusionado) y la de su hosco, pero noble Abuelo (fatiga de un pretérito desengañado), contemplando juntos el apolíneo fulgor de un presente irradiándose en lo imperecedero, en el sol del ocaso incendiando las cumbres alpinas, bajo la mirada del Señor de las Cumbres, una dionisiaca cabra majestuosa; la verdad del mundo en el fuego, las ígneas palpitaciones de su corazón secreto, la lúdica excitación del dios aguardando ser develado; su sonrisa: una impaciencia de brillos que calcinan en su intensidad hasta las últimas tinieblas del misterio que se sueña mundo.

Heráclito, su sabiduría: laberinto de ríos fluyentes entrelazados, logos de acertijos recordándose esfinges, fuego que nos acompaña siempre, hasta la morada misma de lo indecible. 
 






[1] “…Homero interrogó al oráculo para saber quiénes eran sus padres y cuál su patria; y el dios respondió así: “La isla de Ios es patria de tu madre, y te acogerá cuando mueras; pero tu guárdate del enigma de los hombres jóvenes.”  No mucho después […] llegó a Ios. Allí, sentado en un escollo, vio a unos pescadores que se acercaban a la playa y les preguntó si tenían algo. Éstos, como no habían pescado nada pero, ante la falta de pesca, se dedicaban a despiojarse, dijeron: “Lo que hemos cogido lo hemos dejado, lo que no hemos cogido lo traemos”, aludiendo con un enigma a que los piojos que habían podido coger los habían matado y los habían tirado, y los que no habían cogido los llevaban en la ropa. Homero al no ser capaz de resolver el enigma, murió de aflicción” apud. El Nacimiento… pp. 65-66

[2] ¿Sería posible que el planteamiento de Colli haya sido anticipado por el psiquiatra Leo Navratil? El sentido de su referencia es muy similar e igualmente interesante: “Debe diferenciarse lo enigmático como valor de insinuación, del enigma como objeto de la razón. Lo enigmático está relacionado con el sentimiento de perplejidad. Puede conducir fácilmente a la desesperación. Pero también la misión del enigma en sí fue considerada en tiempos anteriores algo solemne, que coloca a la persona ante una alternativa peligrosa: encontrar la solución, o morir. Quien no solucionaba el enigma de la esfinge, pertenecía a la muerte. Se dice que Homero murió de inquietud, por no poder resolver un enigma. Posteriormente lo enigmático perdió su gravedad, aparecieron los juegos de adivinanza, que ya no intranquilizaban verdaderamente al hombre, pues entonces ya era capaz de superar las dificultades de la vida con ayuda de la razón. El auténtico enigma artístico es una  imagen lingüística que transcribe un objeto de manera engañosa. Tiene carácter laberintico. Uno se ve conducido a un laberinto, y obligado a pasar por trayectos enmarañados, que conducen lo más lejos posible de la meta. En esto, el que plantea el enigma es el superior. Pero también la solución da una gran satisfacción al que adivina. Fortalece la confianza en sí mismo, porque de esta manera se ha vencido la insinuación de lo enigmático y es posible sentirse otra vez en su lugar en el plano de la razón. Hemos insinuado ya que la persona absorbida en lo enigmático, se encuentra en una fase de transición- y es precisamente en aquella zona- que está entre el orden mítico y el orden racional de la existencia.” Leo Navratil, Esquizofrenia y Arte, pp.126-127.  

[3] apud. Ibíd, p.67

[4] “En Grecia el sabio es un pugilista, siempre precavido contra ataques mortales, incluso en sueños visitado por monstruos y guerreros, que con gestos mesurados aparentemente benignos y sosegados, y soltura en sus miembros, emerge de una refriega vertiginosa, de las insidias de los dioses. Después de la lucha las palabras salen de su boca con firmeza, sin titubeos” Después de Nietzsche, p.13

[5] “Heráclito no escribe para comunicar, para poner de manifiesto algo oculto, para extender a otros la esfera de su conocimiento: al contrario, con sus enigmas lanza un desafío fortuito, provocativo destinado a involucrar al mundo de los hombres. Todas sus palabras son trampas, criptogramas construidos para ser descifrados. La suya no es la arrogante expresión de un solitario, sino una despiadada declaración de hostilidad, el estimulo a una contienda por la sabiduría, en la que todos, frente a él, que lanza el desafío, sucumbirán.” op.cit. p.115

[6] “Cuando vemos un objeto del mundo, y lo aferramos como si fuese de verdad, sucede que se nos escapa, que lo dejamos, precisamente porque habíamos creído en la corporeidad, en la solidez de lo manifiesto, que en cambio no es más que una evanescente ficción. Mientras no descubramos esta ilusión, seguiremos engañados, no seremos sabios[…]” op.cit, pp.128-129 

[7] El Nacimiento…, p.69

[8] Apud., Ibídem, p.69

[9] “Tendríamos que poder escuchar esta información [de la Mente] o, más bien, esta narración, como una voz neutra dentro de nosotros mismos. Pero algo hubo que no funcionó bien. Toda la creación es un lenguaje y nada más que un lenguaje que, por alguna razón inexplicable, no podemos leer afuera ni escuchar adentro. Por tanto, afirmo que nos hemos convertido en idiotas. Algo le ha sucedido a nuestra inteligencia. Mi razonamiento es el siguiente: el ordenamiento de las partes del Cerebro es un lenguaje. Nosotros somos parte del Cerebro; por tanto, somos lenguaje. ¿Por qué, entonces, no lo sabemos? Ni siquiera sabemos lo que somos, por no hablar ya de la realidad exterior de la que formamos parte. El origen de la palabra «idiota» es la palabra «privado». Cada uno de nosotros se ha vuelto privado y ya no comparte el pensamiento común del Cerebro, salvo en un nivel subliminal. Así pues, nuestra vida real y nuestros objetivos se desarrollan por debajo del umbral de la conciencia. Experimentamos los pensamientos del Cerebro como ordenamientos y reordenamientos —cambio— en un universo físico; pero en realidad se trata de información y procesamiento de información que sustancializamos. No vemos tan solo sus pensamientos como objetos, sino, más bien, como movimiento o, con mayor precisión, como ubicación de los objetos: cómo llegan éstos a vincularse entre sí. Pero no podemos dar lectura a la estructuración del ordenamiento; no podemos extraer la información contenida en él; es decir, en cuanto a información, que ninguna otra cosa es. La vinculación y revinculación de los objetos por el Cerebro es en realidad un lenguaje, pero no un lenguaje como el nuestro (puesto que se dirige a sí mismo y no a alguien o a algo fuera de él).” Philip K Dick, Tractates Cryptica Escriptura , Apéndice de la novela Valis, tomado de http://unclarodelbosque.blogspot.com/2007/06/philip-k-dick-tractates-cryptica_20.html

[10] “Expulsar de nuestro cielo las nubes de la necesidad: ésta es una esperanza que perdura. La fe en la realidad del tiempo, en la supremacía de la razón, ha devastado toda nuestra vida, pero tiempo y razón tienen una matriz común: la necesidad. […] cuando Heráclito dice “el sol es nuevo cada día”, no pretende ciertamente mostrar el devenir, sino oponerse a la tiranía de la necesidad.” Después de Nietzsche, p.50

[11] El Nacimiento… p. 70

[12] Ibídem, p.70

[13] Ibíd, p.71

[14] Ibídem, p.71

[15] “Si desconocemos el propósito de la vida, si la verdadera manera de ser está oculta a los ojos de los seres vivos, ¿quién puede decir que los esquizofrénicos no están en lo cierto? Créame, señor, emprenden un viaje muy arriesgado; vuelven la espalda a las meras cosas que usamos con fines prácticos. En cambio, vuelven hacia adentro en busca del sentido. Se enfrentan con el pozo, la negra noche sin fondo.” Philip K Dick, Tiempo de Marte, apud. Brian Aldiss, edición electrónica.

[16] El Nacimiento… p.54

[17] Y en esto especialmente coincide Maurice Blanchot: “[…] Pero lo que se oculta, se oculta  profundamente, y en la profundidad todavía no es más que la apariencia que se oculta.  Nadie podría decir sin inconsecuencia: el hombre es esto que se oculta, y tampoco bastaría con hacer de esa afirmación una pregunta […] ¿Pertenece el hombre al movimiento del ocultarse ¿El ser es lo que se oculta por medio del hombre? […] El preguntar profundo no encuentra su medida en una pregunta, aún cuando ésta sea el movimiento de ocultarse que intenta ponerse en tela de juicio.” Maurice Blanchot, El diálogo inconcluso, pp.55-56 

[18] El Nacimiento… p.71

[19] Y esta puede ser la clave para comprender al poema mexicano más importante del siglo XX, Muerte sin fin de José Gorostiza, que puede ser interpretado a partir de la perspectiva Collí-Heráclito y así otorgarnos nuevas maneras de valorar su magistral belleza hermética: “Pero en las zonas ínfimas del ojo/ en su nimio saber/ no ocurre nada, no, sólo esta luz/ esta febril diafanidad tirante/hecha toda de pura exaltación/ que a través de su nítida sustancia/ nos permite mirar, / sin verlo a Él, a Dios,/ lo que detrás de Él anda escondido[…]”  del poema Muerte sin fin de José Gorostiza, p.111.

[20]  Y quizá nadie sino el pintor Lucio Fontana, en una de sus místicas composiciones  titulada “Concepto Espacial”, realizada en 1962, supo captar esta intuición de lo inefable heracliteana, que expresaría: En lo más profundo del ser, hay siete espinas de cristal. Persisten todas en una danza imperceptible en su mundo de azul silencio. Parecen flotar, pero lo cierto es que están insertas. Lastiman. Pero nunca lo sabrán. En aquel ámbito oculto se decide por completo la visión de Todo. Las espinas en su fragilidad guardan el secreto de la intensidad de su roce. Si se les atisba con premura, el dolor que producen al verse perturbadas en su transparente eternidad, modifica por completo la perspectiva de Todo. No queda sino contemplar, con respeto, cuanto más puede devenir su tortura amorosa y trascendente. Pero la Verdad está en cada una de ellas. Lo delata la luz que irradian al ser percibidas. La Verdad es la luz, las espinas de cristal el cegador sufrimiento que produce. El inefable ritual de las espinas encierra destinos en el cifrado mensaje de su inmovilidad. Si alguien logra internarse allí, con cierto tacto, develará su grupo ordenado como una escala. Pero habrá que tener cautela: si se desciende por esos peldaños obsidiana, no se hallará más que incisiones y cada paso se hará intolerable, pero con sentido. Si se asciende por ella, en cambio, se llegará a lo más alto, pero vacío. (Y una interminable escala de espinas Porvenir). Presentir: salir lo suficiente, apenas para descubrirse tan dentro, que pueda uno recordarlo al fin: ser en cada una de las espinas de cristal, ser en el tiempo. (Pero al iniciar de nuevo la marcha, perderse en el olvido. Aunque el afilado dolor de su paso, allende cualquier instante, perdure). Una de las espinas de oscuro cristal ama a otra. Saber cuál es, soportar su tortuosa ansiedad, es saberlo Todo, y compartirse en su oscuridad infinita. Porque en lo más profundo hay siete espinas de cristal. Hay quien ha visto en ellas, el límite que señala el principio del frío azul sin límites en donde las palabras se consumen. Pero si se advierte Bien, las espinas son incisiones en sí mismas: umbrales a un espacio sin conceptos, indecible y abismal. La luz de sus contornos invita. Y el silencio de su eterna espera lo dice Todo.

[21]  Y la voz de Heráclito está perfectamente enunciada fílmicamente en  Eraserhead (1977) la primera gran cinta de largo metraje del cineasta norteamericano David Lynch,  que es un recorrido a través de las sombrías regiones del hombre y su sinsentido inherente. Habitamos un lugar de nieblas densas, cualquier cosa puede estar sucediendo o no, más allá de nuestro óntico “ser”. En un mundo conformado y conformador, por medio de cortinas de mensajes variopintos e ininterrumpidos, los seductores cantos de la vacuidad, parece que el silencio es la voz más elocuente. Pero ante ese silencio ominoso, ante ese enigma que nos rodea y (des)fundamenta- la ilimitada página en blanco que nos com-promete como texto sin esperanza de autor alguno- no queda más que aferrarnos a nuestros propios delirantes relatos-salvavidas. La justificación alucinada de nuestro particular “ser (arrojado) ahí”, nuestra alma sin fondo heracliteana. Eraserhead o como im-provisarse (sin providencia) existir (sin ex alguno) con uno mismo, tú, yo, Heráclito, Henry Spencer, nada, es igual. Eraserhead nos narra cómo en un sombrío ámbito industrial, el excéntrico (en un mundo sin céntricos) Henry Spencer (Jack Nance), labora en una imprenta y ahora está de vacaciones. Henry reentabla relaciones con Mary X (Charlotte Stewart), una nerviosa joven, quien invita a Henry a cenar en su casa con sus padres presentes. Allí Henry toma conocimiento de que ella ha dado a luz a un deforme infante, por lo que el joven se ve obligado a contraer matrimonio con Mary. Así pues, la pareja debe hacerse cargo de la grotesca criatura, hasta el momento en que Mary, harta del incesante llorar del bebé, abandona a Henry. Nuestro atribulado protagonista cuida del niño hasta que al final escoge librarse de él(lo). La intuición profunda de Heráclito se hace manifiesta en varios lugares de esta obra de Lynch: en el onírico ambiente creado por Lynch para el desarrollo de la trama inusual. Parecería un futuro post-industrial y decadente, un ámbito de muertos soñando diría Heráclito, como si todos los habitantes hubieran padecido los efectos de una catástrofe nuclear y deambularan enloquecidos por los ruidos permanentes de unas enormes máquinas ubicuas sin función alguna (¿La voz de ausencia del Deus ex Machina?). 

Además también el logos del lo indecible se respira en las secuencias donde Henry (un extraño y convincente Jack Nance interpretando(se) el, personaje de su vida) se relaciona con una misteriosa mujer con deformidades que aparece cantando en un miniteatro infernal que se manifiesta en el radiador, Por supuesto “In heaven everything is fine” y la chica dorada que se hace luz entre sonrisitas ambiguas mientras pisa espermatozoides gigantescos y atrae a Henry a fundirse en luz blanca, es muy posible que simbolice la muerte misma: Hades y Dionisos son  uno y lo mismo para Heráclito. He aquí una de las versiones más célebres e inspiradas de esos irracionales mundos secretos y plenos de alteridad propuestos por Lynch (luego vendrá la famosa Red Room de Twin Peaks) que fundamentan el nuestro racional y anodino. Por supuesto el absurdo apolíneo está presente también  en la cena donde el kafkiano Henry interactúa con la beckettiana familia de Mary, en una secuencia en donde se dan la mano (y comienzan a darse vueltas frenéticos) Lewis Carrol y Eugene Ionesco. De verdad hay que ver para creer. Y más que nada la sabiduría del enigma se expone en el apoteósico final en donde Henry, torturado por el deseo de la misteriosa y sexy vecina morena (contraparte de Mary-anticipo de las sorprendentes diadas posteriores de Lynch (buen alumno de Persona de Bergman): Laura – Donna, Dorothy-Sandy, Betty-Rita, etc.) y habiendo perdido literalmente borrada su cabeza, decide silenciar el llanto del horripilante niño(Dionisos). ¿Connotaciones sexuales explícitas?¿Una vez más sacrificado el dios para germinar lo diverso? Símbolos de símbolos, lo cierto es que la luz eléctrica parece titubear aún, y quien conoce un poco a Lynch sabe lo que “eso” quiere decir: el cielo se halla muy lejos de aquí y en las tinieblas: tú tienes tus cosas buenas y yo, el, ella, nadie, (es igual) ha llegado a Ser (¿Suyo?) (¿Quien dice algo?)

[22] Ibíd, p. 72

[23]  Y sin embargo, paradójicamente, Heráclito es un maestro al momento de iluminar el sentido cabal de obras del pensamiento humano tan significativas, como por ejemplo la película  de ciencia ficción Blade Runner (1982) de Ridley Scott, uno de los modernos hitos manifestantes de la condición humana, como se verá en lo siguiente:

La naturaleza ama el ocultarse”.-En el mundo futuro de Los Ángeles 2019, el silencio profundo del ser, el idioma de la otredad por antonomasia- en ese ámbito sofocado en textos, mensajes y códigos- parece por fin, decidido a manifestarse: habiendo tomado posición en cada mínimo recoveco del ámbito humano, luego de ocupar el lugar de flora y fauna, ahora expone su talante esquivo, con sabia ironía en seres idénticos, replicas, de los hasta entonces guardianes del “ser” –más bien de lo óntico; los entes más entes pues,(re) toman con-ciencia y se exponen decididos: la naturaleza si, ama esconderse pero cuando ha pasado mucho tiempo, emerge furiosa( como una Pris Erinia) por la prolongada espera; y aterrados ya, no somos capaces de (re)conocer su rostro (en nuestro rostro) de frente, sin precipitarnos luego irresistiblemente, a su definitivo abrazo de vacío y silencio (este sí, eterno).

Los ojos son testigos más exactos que los oídos”.-Por eso las miradas colman cada secuencia de Blade Runner, porque como Sartre ponderó, ser visto es ser para otro, por el otro, y esto es una garantía de que no soy yo todo, pero también de que soy por otro, como él por mi mirar: el infierno son los otros dicen los humanos, pero los ojos fustigantes de Blade Runner, ojos replicantes que brillan de lucidez suicida, parecen recordarnos, no te escuches, escucha(te): ¿Quién te mira, en un espejo en donde nada se vé?, el infierno no es nadie, ya que es, simplemente. ¿Lo ves?

El Señor cuyo oráculo está en Delfos ni dice, ni oculta, sino hace señale.”.-Así el caso del gran doctor Eldon Tyrell, el amo y señor de la corporación más poderosa del futuro, nada le es ajeno, ni oculto; no hay inteligencia artificial que no tenga estampada su firma, y cuando se percata del excesivo alcance de su divinal poder, de su voz apolínea forjadora de seres de luz, pronto los ecos oscuros de Su Palabra instauradora regresan a él, crípticos y complejos como los enunció, solicitando ser nuevamente pronunciados. Y es que el asalto al Olimpo siempre ha sido irresistible, aún cuando al ser conquistado, tanto los titanes, como los cristianos primeros y los replicantes luego, sólo hallaron una gruta vacía, alborotada de susurros abandonados ,que escaparon prestos hacia el espacio, difuminados en la primera rasgadura. 

El hombre se enciende y apaga como una luz de noche”.-Y esto lo comprendió Roy Batty, el líder replicante, en el último instante de su existencia (existencia si, y no funcionamiento, pues comprendió, y no entendió simplemente, porque no lo hizo, la muerte no es entendible por nadie, sólo es posible asumirla –reinterpretarse -ante su proximidad, re-signarse). Pero esta posibilidad de pensarse diferente, en comparación a lo eterno id-entico, lo que no es auténticamente, lo que no deviene, le facultó en compensación, para encontrar cierto consuelo de vida, aún en la postrera, de que cada lucero nocturno, inclusive en sus fulgures más exhaustos, no es sino el preámbulo de la luz del día: de avecinamiento seguro, radiante y esperanzador.

La eternidad es un niño que juega a las tablas: de un niño es el poder real”.-Y eso fue lo que Leon, Zhora, y Pris; androides hambrientos de más y mejor vida, no atinaron a entrever, aún estando tan cerca de la salida del laberinto. Su jubilosa soltura de ser, su desenfreno dionisiaco en cada actitud, en cada acción; su lúdica y demasiada lúcida manera de valorar lo meramente humano, les otorgaba el hilo de Ariadna para hallar en cierta manera lo que tanto habían perseguido. Basta con ver lo cruel y a la vez leal del carácter de Leon; la creatividad cautivante de las danzas de Zhora y su letal decisión; la juguetona, atractiva, y tierna, actitud furtiva y depredadora de Pris. Sólo Roy, Rachel y Rick, fueron capaces de capturar su infantil esencia, aquella misma tan poderosa, que hace posible alcanzar cierta inmortalidad, no difuminando “físicamente”, el acontecimiento inevitable; sino revalorando todo lo que le acontece, a fin de alejarlo en perspectiva, haciéndolo fungir como un motor axiológico de todo lo generado a partir de él. Para Rachel por fin, valorarse como ser-para-otro, ser-por-amor = ser; para Roy valorarse como capaz de piedad, apto de identificar ya en el otro, en los otros innumerables, lo que le faltaba para ser más y ser siempre, y por ende in-menso; y para Rick, tener el valor de afrontar su “autentico” yo, “replicándose” en el tiempo, buscándole como perenne presente. 

Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos”.-Porque parafraseando a Gaff, singular reencarnación de Heráclito el Oscuro en el porvenir; en última instancia, hoy, que todos los ríos se han secado ya: ¿Quién es, realmente?



[24]  La red de misterios de Heráclito, voz oracular (Apolo), escritura de enigmas que dice todo, en lo fragmentario(Dionisos): “[…]Me pregunto si Heráclito, cuando dice del habla que no expone ni oculta, sino que indica, […] ¿No se podría atribuirle la idea que usted quisiera representar: que hay una lengua en la que las cosas no se muestran ni se esconden?- El habla de la que aquí se trata es la que se interroga en Delfos: allá habla al estilo de los oráculos que son oráculos por signos, tajos e incisiones-escritura-en el texto de las cosas. No obstante en Delfos, se trata de un lenguaje que escapa a la necesidad de mostrar, escapando a la necesidad de esconder; en ese lenguaje no se produce semejante diferencia: ni cubre ni descubre.-Hablando sin decir ni callar.” Maurice Blanchot, op.cit. p.69 

[25] El Nacimiento… p.73

[26] Ibídem, p.73

[27] Es posible manifestar ya, a partir de Heráclito- bajo la luz de Colli- mi propia toma de posición personal, una cierta ilusión por la sabiduría,  en algunos imperfectos bocetos- y por lo tanto nobles, humanos sin más- acerca del mundo, y de la esencia de su desamparo. Se puede aventurar una clave de comprensión del Todo, al modo de un relato policiaco. No nos servirá más que para encontrar un sentido, rumbo a ningún lado, en el cuarto oscuro de nuestro metafísico abandono. Es como un hilo que tal vez nos lleve a la salida, de nuestro particular laberinto de espejismos de escape. Un cordel que tenga su mayor relevancia en el extremo insuficiente de su mutilada extensión, cuando ya nos ha conducido al centro del infierno mismo, al lugar donde habitan miríadas de torcidos esqueletos con risibles alas de cera y plumas adheridas por el polvo añoso. Algo ha sucedido en algún instante sin tiempo, algo fundamental y devastador; gestador de realidades y catalizador de ausencias. No se ha dejado de comentar acerca de ello desde el primer instante de la realidad. No ha cesado su rememoración tortuosa. Y en ese mismo comentar(se) la realidad entera ha encontrado un vehículo para su manifestación incesante. Se ha cometido un crimen, en cierto lugar sin sitio y sin motivo alguno. Pero este crimen en particular, no tiene leyes que lo clasifiquen ni mucho menos que lo juzguen: el mundo entero y sus cosas las sobrepasan en grado sumo. Incluso lo más probable, lo más posible, es más, lo necesario que deviene luego en cada cosa, depende de que no exista culpable bajo ninguna circunstancia. Pero la concatenación de los acontecimientos que nos da lugar, en el entorno que construimos en cada pensamiento y sensación, nos orilla a pensar que un algo prohibido se ha llevado a cabo, y que es menester el esclarecimiento de tal oscuridad. 

Nuestra breve filosofía, dice que la historia entera de la humanidad y su civilización podrían ser no más que atribuladas explicaciones y prejuicios acerca de esta acción misteriosa e inolvidable. No es preciso más que justificaciones para construir un universo entero, todo lo demás parece ser accesorio. Pero más allá de todo esto es preciso deslindar responsabilidades, elucubrar hipótesis y elaborar una severa filosofía acerca del misterio del Ser y de su ser inextricable. Porqué el quid de eso no podría consistir sino en que no hay ni quien juzgue, ni quien sea juzgado. No hay ni criminal ni detective. Habitamos la biblioteca vacía de una vieja casona en donde alguna vez sucedió un acontecimiento indebido que nadie recuerda y a quien nadie se puede culpar directamente. Y sin embargo en cada palabra que se escribe y que se habla se repite este mismo suceso, se trasgrede algo sagrado, se da un doloroso desgarramiento. Porque sin tener conciencia de nada, nada repetimos hasta el infinito en cada mancillar del silencio y de la hoja en blanco; Todo en toda la infausta irrupción de nuestra propia irrupción. Somos a la vez los sospechosos descartados, los secuaces del delito, el detective desentrañador: toda la pesadilla de la razón, y la razón de la pesadilla del Mundo como todo: la escurridiza presencia que provoca cada palabra, cada cosa, cada pensamiento; la muda traición del silencio ensordecedor del ente. La ventaja de esta filosofía en contra de las demás, es que su pluralidad es suicida, su apertura es una invitación indeclinable al desastre. Porque de antemano sabemos que nunca podremos dar con el culpable, jamás podremos hacerle pagar su nefanda acción. Puesto que si se logra detener el indignado clamor que ha producido con su comportamiento, el mundo entero se desquebrajaría, ninguna filosofía soportaría el peso de tanta vacuidad, de tanto expresar gratuito en lo que nos damos. 

Acaso sólo el arte pueda paliar tanto expendio desenfrenado, tanto inquirir por nada, tanto investigar sin vestigio alguno que la pena merezca. Puesto que en su inocente brote- cuando lo inocente y lo que brota se mienten sinceramente- el arte es honesto y consiente de la gratuidad de su ser sin ser. No hay más que un relato en lo que nos circunvala, una narración que nadie dice y que nada expresa. Pero en el percatarnos de que tampoco nadie la escucha, posiblemente está la ocasión de su gran valía. Acaso el mundo sólo pueda comprenderse a plenitud sin ambicionar la muda “h” de su comprehensión. Porque el arte es una tentativa por reformular en una vuelta infinita sobre lo mismo, en cada ocasión del tiempo y sus virtuales circunvalaciones, para insinuar en su escasez, el misterio irresoluble de la realidad. Todos somos culpables pues, en un ámbito criminal en el que el ilícito se brinda en cada oportunidad de su repaso: como una serpiente que se muerde la cola pensando en su siguiente mordida. El arte la sabiduría, el escepticismo, los sueños, la poesía, la lucidez, la niñez, el insomnio, la pasión y la locura, en cada posibilidad y medios de brindarse, nos común-ican esto finalmente: que quizá vale la pena expresar este re-cono-cimiento en un abrazo apasionado y fértil entre lo moral y lo metafísico. El silencio está allí y nadie puede silenciar su abrumadora persistencia. Pero en el revivir cada etapa del percatarnos de su ominoso estar, que bien podría ser el crimen y el castigo del estar donde estamos, se brinda una suerte de libertad cautiva, que no requiere de nada, salvo de su mera contingencia elocuente en lo causal sin memoria. He aquí nuestra breve filosofía del ser y de sus entes, del silencio y de sus voces, del corazón desgarrado del mundo y su vacío compartimiento de vacíos necesarios. 

Sigamos pues inquiriendo sobre pistas puestas en dédalos astutos; de coartadas sin menester que nos son vitales; de jardines en senderos que se bifurcan entrelazando principios con finales en infinitos compartimientos de arquitecturas demenciales. El culpable siempre nos aguarda en algún recoveco de este ámbito de onirismos en los que nadie se ocupa, ni reposa ; allí espera sonriente, confiando en su suerte pertinaz, en su afortunada fugacidad; y en ciertos momentos de debilidad sentimental, es posible advertir en el espejo incipiente de sus lágrimas fatigadas, la id-entificación absoluta de su persecutor y juez implacable : un rostro pálido que se torna en ondas, sobre la superficie nerviosa de un charco de lágrimas, perturbado por quien solloza eternamente sin poder derramar lágrima alguna. Hablemos pues sobre ello, de nuevo: es posible.
[28] “Through the darkness of future past, the magician longs to see. One chants out between two worlds Fire walk with me”

Del guión de la cinta Twin Peaks: Fire walk with me (1992) escrito por David Lynch. Las posibilidades de leer esta obra bajo la sabiduría de Heráclito (“the magician”) desde Colli, alumbrarían mucho el sentido de la totalidad del cine de Lynch, quien alguna vez comentó: “En todos reside la capacidad de apreciar como igualmente bellas las cosas contrapuestas. No soy la excepción.” Citado por Ángel Román en su ensayo online “El Infierno según David Lynch” en http://www.angelroman.net/

[29] Heráclito, fragmento  67