lunes, 15 de agosto de 2011

La belleza de lo indescriptible

Normalmente, cuando se contempla algo atractivo, los sentidos se concentran en un detalle específico de ese objeto. En el caso de un paisaje, por ejemplo, al observarlo uno se enfoca en el vasto firmamento, la frondosidad del bosque o la pureza del color del mar. Cuando la interioridad se arroba visualizando un ambiente bello, aun cuando los diferentes elementos que incluya se armonicen, es- específicamente- en ese equilibrio en lo que se abstrae la conciencia. En cierto sentido, no es posible captar de una sola vez toda la hermosura de un objeto, sino solo a través de lo indescriptible. Cuando la manifestación de un objeto o fenómeno, por su sublime proyección, rebasa todas las maneras en las que la expresión humana puede dar cuenta de él, entonces se presenta lo indescriptible y su sublime belleza. Como muestra, tenemos esta formidable aurora boreal captada en Tromsø, Noruega.


La magnitud de su ocurrencia, así como la riqueza de sentidos que ofrece al contemplador, superan todo intento de conceptualizarla. Al final solo queda entregarse a la vivencia de su desarrollo, hasta el máximo límite.


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